Mi amigo F. y su novio D. se casan el próximo día 7 de junio.
Es, además de la primera boda gay a la que me invitan, una de las bodas más originales a las que tendré el honor de acudir.
Y no lo digo porque se trate de dos personas del mismo sexo –a estas alturas de la vida y del siglo XXI nadie debería resultarle original semejante circunstancia-. Lo que resulta verdaderamente original en este enlace son los detalles.
Es, además de la primera boda gay a la que me invitan, una de las bodas más originales a las que tendré el honor de acudir.
Y no lo digo porque se trate de dos personas del mismo sexo –a estas alturas de la vida y del siglo XXI nadie debería resultarle original semejante circunstancia-. Lo que resulta verdaderamente original en este enlace son los detalles.

Que me perdonen todos aquellos amantes de las tartas de merengue, las invitaciones en papel sepia con palomas entrelazadas y los valses rumbosos tras los postres, pero servidora no soporta la iconografía boderil en general.
Casi todas las bodas a las que he asistido, pensadas con mayor o menor gusto, y llevas a cabo con más o menos fortuna, han recurrido de un modo u otro a este tipo de iconografía. Esta será diferente.
Para empezar, las invitaciones serán exclusivísimas y personalizadas, creadas por un artista amigo de los novios a partir de carteles de películas sobre los que trabajará con las fotos de los contrayentes. Original, divertido, fresco… pop, si quieres.
La ceremonia, evidentemente civil, se celebrará de forma “privada”, y será sustituida por un enlace pensado para ellos minutos antes de la cena, en uno de los pazos más bonitos de la zona.
La música la podrá una productora local cuyo dj es todo un experto en rock&roll. Nada de Georgi Dann ni de Karina. Springsteen, Rolling, Beatles, y a lo mejor algo de pop en castellano. Quizas Los Rodríguez.
Y nada de ponerte lo que te de la gana. Será una boda con dress code de verdad: todos los invitados deberemos llevar algo en la cabeza. Lo que sea. Un tocado, una diadema (seguramente mi opción), un sombrero… Original, ¿no?
Tantas novedades me han hecho recapacitar y pensar que tal vez mi alergia al matrimonio provenga más de su iconografía que del acto de casarse en si, y he decidido elaborar el listado de…
… TODAS ESAS COSAS QUE BAJO NINGÚN CONCEPTO TENDRÍA MI BODA
1.- Invitaciones en color sepia, con anillitos entrelazados o con palomas volando juntitas. Lo siento, las odio.

2.- Un vestido con vuelo a lo Scarlett O´Hara. Y mucho menos en blanco nuclear. No puedo con ellos.

3.- Vals. Ni de coña Para bailar algo verdaderamente sentimental mejor la canción con la que nos dimos el primer beso, o ese tema que no sabes por qué te recuerda siempre a él. Además, ¿alguien sabe bailar el vals?

4.- Tarta blanca con merengue y novios sobre ella. Me supera. Y el momento “cortemos la tarta juntos con esa espada de Los Inmortales (sólo puede quedar uno)” debería estar prohibido.

5.-Conga. Terminantemente prohibida. Bajo ningún concepto. Nunca. Jamás.

6.- Veinte millones de platos. Mejor un menú escogido, de pocos platos pero cuidada elaboración, que setenta y cinco raciones de marisco. Terrible. Y en mi tierra se estila mucho.

7.- Coro cantando el Ave María. Bueno, vale, esto es un tema muy personal porque yo nunca me casaría por la iglesia.

8.- Lista de bodas en El Corte Inglés. Sé que es práctica, pero es que me pone super nerviosa eso de que te obliguen a gastar el dinero allí.

9.- Invitados que no conozco. Sé que en muchos casos son imposiciones de las familias, que pagan el enlace. Por eso, si algún día me caso, pagaré yo.

10.- Una orquesta que toque “los grandes éxitos de 1985”. Eso para los americanos en sus Prom Night.

¿Y VOSOTR@S? ¿QUÉ COSAS ELIMINARÍAS DE UNA BODA? –Y no vale decir la boda en sí-.