La gente dice que me parezco mucho a mi madre en el físico, y a mi padre en el carácter. Pero no es verdad. A quien de verdad me parezco en carácter es a mi abuela paterna.
Mi abuela paterna se llamaba Ángela, pero todo el mundo la llamaba Gela, y murió hace ahora cuatro años, rozando los 90 y sin enterarse ni nada. Simplemente se sentó a descansar después de un paseo y no volvió a abrir los ojos. Ole por ella.
Mi abuela paterna era todo lo contrario que mi abuela materna. Si esta segunda es el colmo de las desdichas, la primera era la mujer más vitalista del mundo.
Mi abuela paterna se llamaba Ángela, pero todo el mundo la llamaba Gela, y murió hace ahora cuatro años, rozando los 90 y sin enterarse ni nada. Simplemente se sentó a descansar después de un paseo y no volvió a abrir los ojos. Ole por ella.
Mi abuela paterna era todo lo contrario que mi abuela materna. Si esta segunda es el colmo de las desdichas, la primera era la mujer más vitalista del mundo.

Gela era una señora pequeñita, enjuta y presumida, que no tuvo una vida fácil. Su madre murió cuando ella tenía dos años, y su padre se fue a “hacer las Américas”… y nunca más volvió. Luego ella supo que tenía hermanos allén de los mares. Cosas de la vida.
Huérfana con menos de 9 años, se quedó a cargo de su abuela, que sufrió una apoplejía cuando mi abuelita tenía sólo 12 años. Y allí estaba ella, una pre-adolescente de los años veinte regentando el estanco de su abuela y cuidando de ella… y salió adelante.

Luego llegó la guerra, y con ella años duros. Pero para Gela lo más duro era no poder llevar sombrero. Porque a ella le encantaban los sombreros, y claro, con aquello de que estaba todo el mundo siempre de luto la joven Gela pasaba un frío en la cabeza que no veas… pero salió adelante.
Contado así, parece que mi abuela tuvo una vida horrible. Pero es que ella la contaba de otro modo. Ella sólo recordaba las cosas bonitas.

Cuando yo nací mi abuela ya era muy mayor, y enviudó al poco tiempo. Pero no se quedó en casa a guardar ausencias. De eso nada. Ella retomó sus amistades y se pasaba el día fuera de casa. Cuando no había quedado para merendar, había quedado para ir al teatro o para pasear, o para irse de viaje a Lourdes…
Porque Gela era mucho de vida social. A ella cualquier plan le parecía un buen plan. Tú la llamabas a casa y no cogía. Y te preocupabas –claro, tan mayor, y sola-… y a los 20 minutos te llamaba ella “Nena, que no me llames a casa, que me he venido a Lisboa unos días a casa de Carmencita”.

Esa es otra. Todas las amigas de mi abuela Gela tenían nombre de niña de tres años: Carmuchi, Pilarita, Pitita, Angelita…
Mi abuela Gela tenía los pies hechos polvo, pero ella no salía de casa sin sus tacones. Antes muerta que sencilla. Ni sin sus collares. Ni sin sus pendientes. Siempre iba arregladita como si fuese a una boda. Le gustaban tanto esas cosas que cuando murió encontramos en su armario conjuntos enteros aún sin estrenar. Es que ella veía un trapito mono y no se podía resistir. Eso sí, como era friolera, debajo del vestido se ponía tres o cuatro sueters… como era pequeñita ni se le notaban, y así iba ella, tan contenta por la vida.

Tenía una colección de ropa y complementos que ni la Barbie, y nos la prestaba para disfrazarnos. Las tardes de domingo con mi primo J., mi amiga U. y mi hermana son ya míticas, entre pañoletas y pamelas desplegables con estampados florales.
Pero no era una coqueta cualquiera... era una coqueta que cocinaba de muerte, limpiaba como ninguna y encima era apañada cosiendo.

Eso sí, que nadie se crea que Gela era todo alegría. De eso nada, ella tenía sus cosas. Por ejemplo, creía a pies juntillas que las mujeres teníamos una costilla más que los hombres, porque según la Biblia habíamos nacido de la costilla de Adán… una creencia un tanto particular si tenemos en cuenta que su hijo mayor es médico... pero incluso los médicos se equivocan (my grandma dixit).

Eso sí, que nadie se crea que Gela era todo alegría. De eso nada, ella tenía sus cosas. Por ejemplo, creía a pies juntillas que las mujeres teníamos una costilla más que los hombres, porque según la Biblia habíamos nacido de la costilla de Adán… una creencia un tanto particular si tenemos en cuenta que su hijo mayor es médico... pero incluso los médicos se equivocan (my grandma dixit).