Los que seguís el blog ya sabéis que mi vida social es un tanto caótica, y que lo mismo me planto en el back stage de un concierto de rock que cubro la presentación de un libro de arquitectura. Vamos, de todo menos ordenada.
El caso es que el miércoles pasado recibí en el correo electrónico una invitación para un acto especialmente curioso, por lo poco que se prodigan últimamente, al menos en mi cuidad.
El caso es que el miércoles pasado recibí en el correo electrónico una invitación para un acto especialmente curioso, por lo poco que se prodigan últimamente, al menos en mi cuidad.

La agencia Filtro Comunicación la D.O. de Vinos de Bierzo me invitaban a una cata de caldos de la zona. Y claro, no pude rechazar la invitación.

Cuando P. y yo llegamos al Palexco era todavía temprano y no había demasiada gente. Eso nos permitió pasear entre los stands de las diferentes bodegas sin ningún tipo de prisa, y charlar un rato con Alfonso, presidente del Consejo Regulador de D.O. Bierzo.

Reconozco mi ignorancia en estos temas. En mi exquisito paladar distingo un rioja de un Ribera del Duero (sólo faltaba), pero poco más. Y desde luego no soy ninguna experta en vinos del Bierzo, así que aproveché la compañía de Alfonso para aprender algo más.
Resulta que los vinos de Bierzo son distintos a los típicos tintos de mesa que utilizamos en España. Sus viñas crecen en una tierra más arcillosa, y por eso su sabor es más intenso, aunque tiene a resultar afrutado y muy equilibrado –algo que luego pude comprobar personalmente-.

En mi inmensa ignorancia, servidora creía que en el Bierzo sólo se embotellaba tinto… pero resulta que no, que también se cultiva uva Godello, unas cepas que propocionan un caldo goloso y afrutado, casi casi achampanado (si no fuese porque no es espumoso, claro).
Este blanco del Bierzo es estupendo para maridar con mariscos gallegos, mientras que los tintos, que alcanzan su mayor esplendor en los tintos jóvenes –con un sabor impresionante, doy fe- combinan perfectamente con la carne de caza o con un estupendo chuletón de buey.

Cuando terminé mi pequeña clase de cata con Alfonso, la sala se había llenado ya. Entre los presentes, mucha más gente joven de la que esperaba en un principio. Casi todos con un estilo muy casual, donde predominaban los hombres con jeans y americana trendy y las mujeres con minidresses y botines.

La banda de jazz comenzaba a tocar cuando P. y yo abandonamos la cata. Y la verdad es que fue una lástima no poder quedarnos, pero otras obligaciones nos reclamaban… es lo que tiene el pluriempleo.
Eso sí, aprendí algunas cosas fundamentales:
1.- Para una cata media tarde, el estilo trendy es la mejor elección. Mi minidress y mis botines acharolados se mimetizaron con el ambiente a la perfección.
2.- España padece una “riojitis” aguda que deberíamos empezar a tratarnos. Los caldos del Bierzo son una magnífica opción, pero no la única. ¿Habéis probado a pedir un Cariñena para una cena con carnes, por ejemplo? ¿O un Rosal para un maridaje en blancos?
3.- Con los vinos, como con casi todo, no hay reglas: te gusta, o no te gusta. Que nadie os diga lo que tenéis que pensar de un vino. Si un caldo no te gusta, pues da igual que sea magnífico: para ti no lo es.