Bueno, pues el post de hoy es para enseñaros el por qué.
A parte de que las fiestas fueron divertidas, que en Ourense me comí el mejor bocadillo de calamares de mi vida y que lo pasé en grande escapandodel oso de Salcedo, lo que más disfruté de mi fin de semana rural fue...

LA NIEVE!!!!
Es que en Galicia no tenemos demasiadas oportunidades de ver paisajes como estos, y cada vez que tropiezo con uno es como un soplo de aire fresco para mi.

La mañana del lunes de carnaval, después de haber dormido en Folgoso do Caurel (gracias Yoli, gracias Luis, sois un amor) P. y yo cogimos carretera para visitar un pueblo de la montaña lucense llamado Cebreiro.

El Cebreriro es un enclave magnífico. Forma parte del camino francés de Santiago, y tiene un encanto especial. En medio de la montaña, es abrasador en verano y helador en invierno, pero su arquitectura tradicional, su paisaje inigualable y sus gentes lo convierten en imprescindible.

En pasado lunes, con temperaturas bajo cero, El Cebrerio lucía así de hermoso. La nevada nos pilló en mitad de la sesión fotográfica, imaginaos mi alegría.

Ahora, con 21 grados en pleno Cantón Grande coruñés, estas imágenes parecen un sueño. De hecho, este pasado sábado disfrutamos de nuestra primera fiesta pre-primaveral. Una "churrascada" (barbacoa en otras latitutdes) en casa de nuestro amigo Darío, un artista en todos los sentidos: por su forma de ver la vida y por su dedicación profesional.

Darío y su grupo de música tocando en directo, con amplificadores y todo, mientras treinta o cuarenta personajes de lo más variopinto del ambiente "cultural" coruñés comían churrasco y bebían licor café en una casa que parecía una réplica de la de Heidi, pero más bonita.

En fin, que aquí os dejo las imágenes de nuestro último viaje mientras me cargan en la Visa el importe del próximo: el día 2 de marzo P. y yo nos vamos una semanita a Londres. Una de esas escapadas pendientes que me muero por contaros. Prepárate, Candem.
P.D: Y mañana, la agonía de una joven fashionista y medio normal tratando con una funcionaria, o por qué a veces entiendo que la gente aborrezca la administración pública, aunque yo trabaje accidentalmente en ella.