
Paseando entre instantáneas prodigiosas y bocetos hipnóticos, descubrí el retrato de una mujer extrañamente atrayente. Con una nariz peculiar y enorme, unos ojos demasiado saltones para su rostro y un corte de pelo bob de lo más andrógino… y aún así hermosa.


Según el epígrafe, se trataba de un retrato de Kiki de Montparnase… y su figura me atrajo tanto que al llegar a casa investigué… y descubrí a una de las mayores musas del arte del siglo XX.


Mujer prodigiosa donde las hubiera, liberal y casi libertina, vividora, feliz y compleja, Alice Prin comenzó a ser conocida como Kiki de Montparnasse en la primera mitad de la década de los años 20. Alternaba con poetas, escultores, pintores y fotógrafos, y fue musa de todos ellos en uno años en los que la experimentación era la reina del arte.

Suyas son las primeras fotografías netamente pornográficas publicadas en un revista, tomadas durante una de las maratonianas sesiones de sexo con Man Ray. Suyo es el busto más famoso del escultor Gargallo, suyos los mejors poemas de andré Breton, y los retratos femeninos de un todavía joven Pablo Picasso.
La estética de esta mujer extraordinaria no es si no un reflejo de un modo de ver la vida apasionado, vanguardista y despreocupado; una carrera sin fin hacia la felicidad que sólo alcanzó a ratos en brazos de unos amantes tan certeros como veletas, que supieron sacar de ella una esencia única: el arte.

Desde ayer tengo una nueva musa en mi vida… ya veis, aún muerta Kiki es toda una inspiración.