Mi cerebro está ya pensando en el otoño.

Al menos, la parte de mi cerebro que dedico a planear mi vestidor, que, por cierto, he terminado por aceptar que es mayor de lo que yo creía.
Yo, como las pasarelas internacionales, tengo la mente puesta ya en los frios días del invierno, aunque aquí, en el norte, el calor es todavía sofocante. Anoche pasaban de las 12 y en mangas de camisa se estaba de lujo.
Pero…
…pero mi cabeza ya vuela pensando en qué voy a querer/necesitar/amar en esta próxima temporada.
La mayoría de las revistas de moda ya han hecho un pequeño repaso con aquello de “qué se llevará el próximo otoño”, y tengo que decir que me siento muy orgullosa de mis compras tardías del otoño/invierno pasado, y de las compras tempraneras de estas rebajas de verano. Parece que podré aprovechar muchas, pero que muchas cosas.

Y esto se debe, principalmente, a tres motivos fundamentales:
1.- Me hago mayor, y consecuentemente conozco mejor mi cuerpo, mis gustos, y mis imposibilidades reales. Por eso cada día mis compras son menos tendencia y más personales. Si un corte, un tejido, un color, me sientan fatal, me da igual que estén muy de moda. No llegarán a mi armario si yo no me encuentro favorecida con ellos.
2.- Los años me han regalado serenidad compradora. Ya no arraso cada vez que salgo de tiendas, ahora compro con más criterio. Gasto el mismo dinero, o incluso más, pero lo gasto con más cabeza. Las prendas que he adquirido en los últimos dos años han tenido una vida mucho más larga y fructífera.
3.- Me he vuelto mucho más selectiva. Inditex Wonderland y allegados tienen cada día que pasa menos sitio entre mis perchas y cajones. He aprendido a apostar por nuevos diseñadores, marcas menos masivas, prendas más especiales y complicadas de replicar. También en moda se puede invertir, siguiendo la máxima del menos es más: por el precio de dos camisas de temporada en cualquier tienda del Imperio de Amancio (o similares) puedes hacerte con una bonita falda de Eva Orive, por ejemplo.
Este año, mi cambio de trabajo impone un cambio –al menos suave- de registro estético. Desterraré, al menos en parte, los jeans –que seguirán formando parte de mi armario, pero con menor protagonismo-, y optaré por conjuntos de faldas y blusas, sacados de Ofelia is Lost o de Jocomomola; minivestidos de colores sencillos, con cortes limpios y suaves, perfectos para combinar con complementos llamativos; pantalones sastre y cargo acompañados de blusones de seda y raso, con manga francesa, en colores empolvados, blanco y negro…
Aún así, haciendo recuento de todo lo que tengo y todo lo que quiero tener, y después de descartar la posibilidad de que me toque la lotería –teniendo en cuenta que no juego, pues es lo que hay-, estas son …
…LAS COMPRAS QUE QUIERO VER COLGADAS DE MI ARMARIO ANTES DE QUE LLEGUE EL MES DE OCTUBRE:
1.- Una botas de caña alta y tacón aún más alto en piel negra. He visto unas en Uterqüe –sí, sé que pertenece a Amancio´s Empire, pero es que me encantaron- que tienen mi nombre escrito en la suela. De piel maravillosamente suave y lisa, con un tacón imposible y a la vez cómodas… y no demasiado caras. Serán mías antes de octubre, seguro.
Pero…
…pero mi cabeza ya vuela pensando en qué voy a querer/necesitar/amar en esta próxima temporada.
La mayoría de las revistas de moda ya han hecho un pequeño repaso con aquello de “qué se llevará el próximo otoño”, y tengo que decir que me siento muy orgullosa de mis compras tardías del otoño/invierno pasado, y de las compras tempraneras de estas rebajas de verano. Parece que podré aprovechar muchas, pero que muchas cosas.

Y esto se debe, principalmente, a tres motivos fundamentales:
1.- Me hago mayor, y consecuentemente conozco mejor mi cuerpo, mis gustos, y mis imposibilidades reales. Por eso cada día mis compras son menos tendencia y más personales. Si un corte, un tejido, un color, me sientan fatal, me da igual que estén muy de moda. No llegarán a mi armario si yo no me encuentro favorecida con ellos.
2.- Los años me han regalado serenidad compradora. Ya no arraso cada vez que salgo de tiendas, ahora compro con más criterio. Gasto el mismo dinero, o incluso más, pero lo gasto con más cabeza. Las prendas que he adquirido en los últimos dos años han tenido una vida mucho más larga y fructífera.
3.- Me he vuelto mucho más selectiva. Inditex Wonderland y allegados tienen cada día que pasa menos sitio entre mis perchas y cajones. He aprendido a apostar por nuevos diseñadores, marcas menos masivas, prendas más especiales y complicadas de replicar. También en moda se puede invertir, siguiendo la máxima del menos es más: por el precio de dos camisas de temporada en cualquier tienda del Imperio de Amancio (o similares) puedes hacerte con una bonita falda de Eva Orive, por ejemplo.
Este año, mi cambio de trabajo impone un cambio –al menos suave- de registro estético. Desterraré, al menos en parte, los jeans –que seguirán formando parte de mi armario, pero con menor protagonismo-, y optaré por conjuntos de faldas y blusas, sacados de Ofelia is Lost o de Jocomomola; minivestidos de colores sencillos, con cortes limpios y suaves, perfectos para combinar con complementos llamativos; pantalones sastre y cargo acompañados de blusones de seda y raso, con manga francesa, en colores empolvados, blanco y negro…
Aún así, haciendo recuento de todo lo que tengo y todo lo que quiero tener, y después de descartar la posibilidad de que me toque la lotería –teniendo en cuenta que no juego, pues es lo que hay-, estas son …
…LAS COMPRAS QUE QUIERO VER COLGADAS DE MI ARMARIO ANTES DE QUE LLEGUE EL MES DE OCTUBRE:
1.- Una botas de caña alta y tacón aún más alto en piel negra. He visto unas en Uterqüe –sí, sé que pertenece a Amancio´s Empire, pero es que me encantaron- que tienen mi nombre escrito en la suela. De piel maravillosamente suave y lisa, con un tacón imposible y a la vez cómodas… y no demasiado caras. Serán mías antes de octubre, seguro.

2.- Un bolso negro de tamaño midi, con cadena tipo Chanel, en piel negra. Llevo tiempo en busca del bolso adecuado y aún no ha aparecido… pero lo hará, ya lo verás.

3.- Un vestido de corte túnica en azul tinta o en negro, con las mangas de corte francés. Creo que le sacaré mucho partido tanto en los últimos días del verano como en los más fríos del invierno, según cómo lo combine. Con una prenda así los complementos juegan un papel importantísimo.

4.- Un cardigan en color gris, largo, suave, con mucha caída, no demasiado grueso y preferiblemente de cashmire.

¿CUÁLES SON VUESTRAS INTENCIONES DE VESTUARIO PARA ESTE PRÓXIMO OTOÑO?
¿QUÉ AÑADIRÍAS A MI LISTA?
Por cierto, aprovecho para comentaros a tod@s que este fin de semana he estado de compras con mi cuñada, y nos hemos dejado caer en algunas de las tiendas que habitualmente se escapan al limitado poder de nuestras Visas… y hemos caído, pero porque los precios estaban rebajadísimos. B. se hizo con un vestido babydoll en negro, con el cuello en blanco, de Ofelia is Lost; y yo estoy estrenando en este mismo momento una preciosa falda de Eva Orive en color crudo con encaje negro en el bajo, que es sencillamente alucinante… y que me ha salido más barata que las de nueva temporada de Máximo Dutty. Así que ya sabeis, animaos a pasear entre las boutiques más caras porque a estas alturas del verano encontrareis gangas que, además, serán rescatables de año en año, porque no pasarán de moda