SIDA

Luchar es no perder nunca la esperanza.



Por eso hoy, Día Internacional de la Lucha Contra el SIDA, y más que nunca, yo tengo todas mis esperanzas puestas en una vacuna que nos libre de esta lacra a todos.


Pero ojo, para que una vacuna como esa funcionase las empresas farmacéuticas deberían contar con una financiación generosa y bien controlada por parte de los estados, para que, una vez lograda la vacuna que nos permitiese hacer frente al VIH, esta fuese de acceso gratuito y libre para toda la humanidad. Y no, no es una utopía, es un derecho.

Los países desarrollados gastan al año miles de millones en investigaciones y experimentos tan peregrinos como la conquista del espacio –algo extremadamente útil, sí señor-. Sin embargo, no somos capaces de invertir esa cantidad de dinero en subvencionar las investigaciones que terminen con el cáncer o con el SIDA, o en convertir en gratuitas este tipo de posologías. Inaudito, pero cierto.



No pierdo la esperanza. Principalmente porque tengo fe en la humanidad y creo a pies juntillas que, en algún momento, en algún lugar, alguna de esas grandes cabezas de gran kahoona se dirán a sí mismas:Coño, pues igual era buen idea dejar de gastar millones en investigar la reproducción del ácaro de la patata e invertirlos en la búsqueda de una cura para los grandes males que la humanidad padece”… y cuando eso pase, habremos llegado a un nuevo comienzo.

Pero mientras eso no pasa, mientras la cabeza del gran kahoona de turno está ocupada en investigar la posible existencia de vida en el último satélite de Plutón –algo extremadamente importante para la supervivencia y el bienestar de la raza humana, como todos sabemos-, sólo tenemos una forma de luchar contra la enfermedad: el sentido común.



Hace 30 años nadie –o casi nadie-sabía cómo se transmitía el VIH. Ahora, quien no lo sepa es, o bien porque ha tenido la mala suerte de nacer en un país como por ejemplo Etiopía, donde el índice de contagios es elevadísimo, en buena medida, por culpa de la galopante desinformación general, o bien porque es idiota.

En el llamado primer mundo todos tenemos constancia y conciencia de que el VIH es un virus que se transmite por vía sanguínea o sexual. Y lo sabemos gracias a campañas como aquella famosa “SÍ –DA; NO-DA”, que colgaba de las paredes de los centros médicos allá por los ochenta.



Con las transfusiones controladas de forma rigurosa, con los centros de tatuajes vigilados por ley, y descartando el caso de que seamos consumidores de droga por vía intravenosa y compartamos jeringuilla (algo inaudito en el siglo XXI, donde en los poblados de la droga hay incluso camionetas que, mientras reparten información sobre desintoxicación, regalan jeringuillas desechables a estrenar), sólo nos queda una vía de contagio: el sexo.

Y puede que la iglesia católica tenga razón, y la abstinencia sea el único método verdaderamente eficaz frente al contagio, pero para todos aquellos que no estamos dispuestos al celibato, los condones son la mejor de las opciones. Porque si matienes relaciones sexuales, estás expuesto... aunque sea sólo con tu pareja "de toda la vida".

Los anticonceptivos de barrera –es decir, los condones, femeninos y masculinos- son, además de un método anticonceptivo, el único medio de protegernos ante el contagio de enfermedades de transmisión sexual, incluyendo, evidentemente, el VIH.

“Bueno, eso sólo es necesario si tu pareja sexual es de riesgo”… dirán algunos…

¿Y qué es de riesgo?, me pregunto yo.

Porque, amigos, todos tenemos un pasado. Pongamos un ejemplo:

Ana y Luis (por favor, que nadie tome los nombres como personales, son ejemplos) son pareja desde hace un años y medio. Son fieles, no han mantenido relaciones fuera de su pareja estable, y tienen un pasado sexual ejemplar, en el que no han mantenido relaciones fuera de sus anteriores parejas estables.

El ex – marido de Ana, por ejemplo, tuvo una novia anterior a Ana, Lucía. Lucía fue su primera novia seria, estuvieron juntos entre los 20 y los 25, pero ninguno de los dos era virgen cuando comenzaron a salir.

Lucía tuvo previamente un novio, con el que perdió la virginidad. Marcos, que así se llamaba el chico, mantuvo relaciones con dos chicas antes que con Lucía. Con Sonia y con Carmen.

Carmen, a su vez, tuvo un noviete en el instituto, con el que mantenía relaciones sin preservativo, que resulta que en una ocasión se acostó con una chica que estaba infectada de SIDA y que no sabía que portaba el virus.

Ahora supongamos que toda esta gente ha mantenido relaciones sin preservativo , y sin analítica previa, con sus parejas “estables”, supuestamente ausentes de riesgo.

Pongamos orden en este lío.

.- Carmen porta el virus, pero no lo sabe.


.- Carmen contagia a Marcos, que, a su vez, no sabe que está siendo transmisor de la enfermedad cuando comienza su relación son Lucía.


.- Lucía, infectada por Marcos e inconsciente de ello, se acuesta con el ex – marido de Ana.

.- El ex de Ana contagia a Anam quien, a su vez, y creyendo que ella está completamente a salvo, porque su única relación sexual anterior a la de Luis fue con su ex – marido, y él no tuvo más que otra novia “decente” antes, decide prescindir del condón en sus relaciones con Luis y…



…Y aquí tenemos a un grupo de personas “decentes” y aparentemente a salvo del SIDA que en realidad son portadores del VIH y ni si quiera lo saben.



Nadie está fuera de esto… salvo los célibes, si así lo queremos ver. Así que fuera los prejuicios: una mujer con un condón en el bolso no es una buscona, es una tía inteligente; un tío con un condón en el bolsillo no es una nenaza, es un hombre sensato.


Pero no hay que perder la esperanza, ya lo dije en el comienzo. En África, el continente más castigado por esta peste del siglo XXI, las prostitutas han desarrollado anticuerpos a la enfermedad de forma espontánea. Todo un avance. Mujeres infectadas que han logrado que su cuerpo, sabio donde los haya, y aferrado a la vida en ese alarde de instinto de supervivencia que sólo los fuertes poseen, desarrolle anticuerpos que impiden no sólo el desarrollo de la enfermedad, sino que además protegen a sus vástagos del contagio: sus hijos nacen sanos, libres de VIH.



No es el único avance en este pantanoso terreno. Hace unas semanas la prensa se hacía eco del caso de un hombre a quien le transplantaron la médula, logrando así curar su enfermedad.



Noticias como esta son las que hacen que cada día me aferre un poquito más fuerte a la esperanza de que en algún momento, en algún lugar, uno de esos gran kahoona del mundo decidan que ha llegado el momento de echar el resto, y de comenzar a invertir en este tipo de investigaciones, y no en encuestas sobre el consumo de escarola en Murcia, con todos mis respetos a los murcianos y a las escarolas.



Pero mientras eso no suceda, mientras sigamos pensando que descubrir vida en la luna 4.752 de Saturno es mucho más interesante e importante para la existencia humana que curar el SIDA, hasta ese momento…



…PÓNTELO, PÓNSELO… por favor.



SUENA EN MI I-POD: “Sexed up”, de el genial Robbie Williams, el hombre que más y mejor se ha reinventado a sí mismo a lo largo de la historia. Este tema, triste pero maravillosamente interpretado, y desde luego de los mejores temas de desamor de la historia, está incluido en su lp “Escapology”. Altamente recomendable para cantar a voz en grito.